El milagro de servir

Mc 1,29–31

29Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. 30La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. 31Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.

He querido comenzar el presente libro hablando de este texto porque es la primera escena de una sanación en el evangelio más antiguo en ser escrito, y me llama poderosamente la atención que el efecto inmediato y la evidencia del restablecimiento de la salud es la decisión de servir. Mira lo que dice el gran estudioso Joachim Gnilka:

«El que la mujer pueda ponerse inmediatamente a servir a los huéspedes demuestra a los ojos de todos que su salud ha sido restablecida. Marcos no entendió este servicio como permanente, a partir de ese momento».2

Pareciera que para el autor del primer evangelio, servir es la consecuencia del encuentro sanador que tiene un ser humano con el Señor que toma la iniciativa de ir a buscar a una persona en donde se encuentra postrada para levantarla y darle nuevo sentido a la vida. ¡Servir es lo contrario a la postración existencial!

Veamos el relato desde el comienzo sabiendo que ya te plantee mi conclusión de este capítulo.

GNILKA, Joachim. EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS I. Mc 1,1-8-26. Ediciones Sígueme, Salamanca. 1999. Pág. 98.

Esta perícopa empieza en la sinagoga de Cafarnaún, en donde se encontraban desde el verso 21; pero tan pronto termina la reunión sabatina Jesús se dirige con sus primeros 4 seguidores a la casa en donde pondrá en adelante su

«cuartel general», y desde donde se desplazará inicialmente por la Galilea y luego por diferentes territorios para hacer presente la Buena Nueva del Reino que es inminente y que se revela en El.

Me parece hermoso entender una especie de «itinerario existencial» en lo que expresa el autor sagrado al mostrarnos que saliendo de la reunión en donde se celebra la fe, se dirijen a la casa. Es fantástico poder ver en ese recorrido un llamado de atención y una exhortación implícita en plantearnos que, después de haber tenido un encuentro con Dios en los hermanos, en la meditación de la Escritura y en la oración, –que es lo que se hacía en la sinagoga–, se direccione la vida a la casa, a la familia y al hogar.

Es como si el autor le dijera a los cristianos de ese tiempo –y a los de hoy también–, que lo que vivimos en el grupo de oración, en la parroquia, en la casa de oración, en la asamblea, en el retiro, en la misa, etc., debe direccionar nuestras vidas hacia la casa, y que todo cuanto decimos haber vivido en el espacio de celebración de la fe y de la piedad, debe ser avalado y tiene que ser creíble en el primer entorno vital de cada uno: Los suyos.

Veamos un comentario hecho por un fantástico autor que nos ilustra un poco en este sentido:

«Jesús da una prueba adicional de su autoridad, pues no permanece en la sinagoga para saborear el aplauso de la muchedumbre, sino que se mueve directamente al próximo lugar al que Dios le llama…».3

En el segundo verso de esta narración nos cuenta el autor algo maravilloso: Plantea la valiente decisión de los discípulos de Jesús de contarle la verdad de

MARCUS, J., EL EVANGELIO SEGÚN MARCOS (Mc 1–8). Nueva traducción con introducción y comentario. Ediciones Sígueme, Salamanca, 2010. Pág. 218.

lo que se está viviendo en esa casa. Tan pronto como Jesús es recibido en un hogar, lo primero que hay que hacer es contárselo todo y poner el tema sobre la mesa.

El texto está escrito con gran cuidado y hermosura, y requiere que tú, como lector atento, te des cuenta de lo que sucede. Se nos dice que en esa familia está en cama, con fiebre, la persona más mayor, la suegra.

Es como si Marcos nos dijera que en la intimidad de esa familia (cama), hay unos males profundos que ya se notan (fiebre), y que están desde hace bastante tiempo (suegra).

Qué bueno sería que en este momento, tú, que me estás acompañando en esta lectura, te tomes un tiempo para pensar, con la mano en el corazón, si quieres recibir a Jesús en tu vida y en tu familia, y si estás dispuesto a contarle al Señor la verdad de lo que estás viviendo en tu casa…

Sigamos… Pero antes de preguntarte qué es servir, o cómo servir a los hermanos, es urgente revisarte a ti mismo y tomar la decisión de superar el miedo al qué dirán, los complejos o la arraigada costumbre de aparentar y querer quedar bien con todo el mundo, y, así, enfrentar con valentía que hay cosas en la intimidad de tu historia, desde hace tiempo, que tienen algunas «bacterias» o «virus» arraigados y profundos.

Es necesario asumir que en tu relación contigo mismo o con los demás se notan diferentes tipos de «fiebres» que te hacen infeliz o que te han hecho fracturar la cercanía que tenías con personas que en algún momento fueron cercanas a tu corazón, y por las que ahora sientes rechazo, rencor, odio o, lo que es peor, una gran indiferencia.

Sin haber enfrentado esto y sin estar en camino a resolverlo, creo que es poco factible que puedas ser un servidor sano y listo para amar a los demás y dar la vida por ellos a la manera de Jesús, que es en última instancia, la síntesis de lo que realmente es servir cristianamente.

Cuando mi hija era pequeña, una o dos veces al año le daban gripas y con ellas aparecía la fiebre… En alguna de las visitas al pediatra le pregunté que si uno podía «hacerse el loco» con las fiebres de 39 o 40 grados y me dijo que NO, que uno no puede hacerse el desentendido con esos estados febriles porque era como no prestarle atención al organismo que estaba gritando que algo malo, una infección o un virus lo estaba atacando, y que necesitaba atención inmediata; que ni siquiera podía conformarme con ponerle pañitos de agua tibia y tratar de bajar la fiebre así, sino que era necesario ir a la clínica o al doctor para diagnosticar las causas y poder atender adecuadamente lo que sucedía.

Me dijo incluso que una fiebre desatendida podría derivar en convulsiones, en meningitis o incluso en la muerte, y que por ningún motivo me hiciera «el de las gafas» con una fiebre ni en mi hija, ni en nadie.

Te animo a que, por difícil que sea, ahora mismo revises las fiebres que estás viviendo como persona y las que están sucediendo en tu casa y que, no te permitas seguir con realidades convulsionadas o inflamaciones («itis»), en tus relaciones familiares llenas de gritos o mal tratos que destruyen la armonía que tú y los tuyos requieren.

Di conmigo… «No me voy a seguir haciendo el tonto» con las fiebres que estamos viviendo…

Retomemos lo dicho hasta aquí: En el primer verso, salir del lugar de celebración de la fe (sinagoga) para dirigirnos a la casa, entendiendo ese itinerario existencial tan serio e inaplazable en la Escritura. En el segundo verso aparece la expresión «le hablan de ella a Jesús», es decir, deciden contarle a Jesús la verdad de lo que se está viviendo en esa casa.

Quiero ser más explícito en esto que te vengo diciendo: La verdad es el “detonador” del milagro. Si tú quieres ver milagros de parte del Señor en tu vida y en tu entorno, debes hablarle con toda la verdad. No puedes enmascarar o maquillar las situaciones difíciles que están viviendo. No es que te golpeaste contra una puerta, se llama violencia intrafamiliar; no es que tu hijo tiene “ma-

las compañías”, se llama drogadicción, etc… Si enfrentas la verdad, seguro le permitirás al buen Jesús actuar poderosamente en ti y en los tuyos.

En el verso final (31) aparece el bellísimo proceso de servir, mostrado por El Maestro en el que se nos revela la esencia de lo que queremos profundizar en este libro. Este camino hecho por Jesús desembocará en el milagro del SER- VICIO. Veamos con detenimiento cada una de las acciones y las posteriores consecuencias:

Se acercó. Jesús muestra que sólo quien se acerca, quien sobrepasa las distancias, quien supera las divisiones, los prejuicios y las «razones» que tiene para estar lejos del otro, es quien puede realmente empezar a servir. Acercarse es un principio bíblico para hacernos saber cómo es el real proceder de Dios y de aquellos que han tenido un verdadero encuentro con Él. Toda la Escritura es la manera en que Dios crea, salva, santifica, transforma y restaura desde la aproximación, el encuentro y la comunión existencial. Esta primera actitud de Jesús evidencia una gran disponibilidad para ir inmediatamente, sin dilaciones, sin excusas y con prontitud a atender las necesidades de los demás y mostrar de esa manera que la solicitud hecha por los suyos lo moviliza y demanda una respuesta eficiente de su parte.

Al respecto de lo que vengo diciéndote mira lo que decía el santo padre Francisco en su carta de finalización del Jubileo extraordinario de la misericordia:

«Estamos llamados a hacer que crezca una cultura de la misericordia, basada en el redescubrimiento del encuentro con los demás: Una cultura en la que ninguno mire al otro con idiferencia ni aparte la mirada cuando vea el sufrimiento de los hermanos».4

Ojalá tu tengas esta misma velocidad y disposición para atender las solicitudes de los que te rodean, y además te animes prontamente a acercarte a esos que están postrados en soledad.

FRANCISCO, S.s. MISERICORDIA ET MISERA. Carta Apostólica al concluir el Jubileo Extraordinario de la misericordia. Noviembre 21 de 2016. No. 20.

La tomó de la mano. El señor va hasta la intimidad de la habitación en donde se encuentra esta mujer y la toma de la mano, es decir que entra en contacto personal con ella, y de esa manera lo que genera es un novedoso RECONO- CIMIENTO de este ser humano, que hasta ese momento se encontraba excluida de la vida familiar por estar encerrada en su cuarto y estaba inhabilitada para poder hacer algo por ella misma y por los demás ya que estaba enferma. Tomar de la mano es devolverle su valor, es hacerla sentir que existe y que es importante, es verla de otra manera, no como una enferma solamente, sino como una persona llena de posibilidades a la cual se le tiene en cuenta y se le da oportunidad de recomenzar.

La levantó. El texto utiliza la palabra griega «ηγειρw» (egeiro), que no solamente habla de una acción física de ayudar a cambiar de posición a otro, sino que en el mismo evangelio de Marcos es usada muchas veces para hablar de la Resurrección. Por ejemplo en Mc 16,6 y 16,14 este mismo autor usa este término griego para decir que Jesús fue resucitado.

Parece que el que Jesús haya levantado a la suegra de Simón no es simplemente que la ayudó a ponerse en pie, sino que le dio una nueva vida, la restauró existencialmente y la rescató de su postración y en ella de sus muertes.

Es por esto que las consecuencias de esta sanación se hacen evidentes inmediatamente. Dice el texto que la fiebre la dejó, es decir, la causa profunda de lo que generaba esa sintomatología, fue destruida por completo, y finalmente ella se puso a SERVIRLES.

Te recuerdo que para san Marcos el servidor debe hacer lo mismo que hace el Maestro. Y si Jesús al entrar a esta casa lo primero que hace es servirle a quienes allí están; entonces es entendible que inmediatamente la suegra de Simón es sanada, emprenda un camino de servicio.

El gran milagro de este texto no es sólo la sanación de la mujer que estaba en cama, sino de manera muy especial, creo que lo más milagroso que hay en esta narración es que servir es la forma en que un ser humano muestra que ha sido tocado por el poder de Jesús.

¡El primer lugar en donde esta mujer se convierte en servidora es en su casa y para los suyos! La suegra de Simón no se dirigió a la sinagoga a servir allá, no se fue de puerta en puerta en su barrio en Cafarnaún a predicar, no se fue de misionera a los pueblos paganos para evangelizar a los «inconversos», ¡NO! Ella se puso a servirle a los de su familia y a Jesús con ellos, porque es ahí en donde se hace creíble el servicio y es ése el primer lugar de misión.

Ojalá tú que me estás leyendo veas este texto como el manual de un verdadero cristiano que ha entendido que la pedagogía del servicio es que «servir» no es el resultado de haber asistido a un retiro de fin de semana y después de eso, mágicamente ya me pueden decir «Servidor», sino que servir es la consecuencia de un encuentro sanador y restaurador con Jesús, que me ha movido a ACERCARME, TOMAR DE LA MANO Y LEVANTAR a aquellos de los que había decidido distanciarme, y es en eso en lo que se hace evidente el real servicio.

Limpiar los baños, atender las mesas, decorar, estar en la bienvenida, cantar, predicar, orar por los demás, estar en un equipo timón, presidir a la comunidad, etc., será verdadero servicio, si quienes lo hacen, están avalados porque en su cotidianidad sirven en su propia casa y en donde públicamente no son vistos.

Para ser servidor el primer camino es amar concretamente a los de la propia familia, y en la intimidad de la casa hacer presente a Jesús a través del diálogo, de los gestos de reconciliación y de ternura, de la escucha atenta, de la eliminación de los gritos, de los golpes y de los maltratos, de la incorporación de nuevos proyectos juntos, es decir, mostrando a Jesús concretamente

Autor

  • Pacho Bermeo

    Predicador itinerante desde 1991 y ha anunciado el Evangelio en más de 25 países de América, Europa y el Oriente Próximo. Estudió filosofía y teología, y se formó en pastoral bíblica con el CELAM. Hoy es Coordinador General de las Escuelas de formación para predicadores y músicos del CELAM y secretario de su Comité de Ecumenismo. Es autor de varios libros sobre el servicio, la sanación y la vida en el Espíritu. Vive en Cajicá con Paulina, su esposa, e Isabella, su hija.