Nazaret

Lc 1,26-38

26Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

28Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» 29Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. 30El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; 31vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.

32El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.»

34María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?»

35El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.

36Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, 37porque ninguna cosa es imposible para Dios.» 38Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

Este es nuestro lugar de partida en esta “peregrinación”. Te invito para que te dejes sorprender por la novedad que la Escritura tiene para ti y los tuyos, esto será un camino de confrontación, vida abundante, paz y victoria en la presencia del Señor.

La primera idea sobre la cual quisiera llamar tu atención es que el punto de inicio de la experiencia de María con Dios no es ni en el Templo, ni en la sinagoga, ni en la celebración de una fiesta religiosa, sino que este encuentro entre Gabriel (enviado por Dios) y la mujer escogida ocurre en la cotidianidad.

El lugar en el que Dios decide acontecer salvíficamente a favor de esta mujer, y por medio de ella, de toda la humanidad, es ni más ni menos que lo ordinario de su propia vida, es decir que parece que al Dios que se nos muestra a lo largo de toda la Escritura, y en este caso, en los textos del Segundo Testamento le gusta hacerse presente y revelar todo su poder y majestad en la simpleza y complejidad de la vida de seres humanos concretos que están inmersos en realidades concretas.

Dice san Lucas que el ángel fue enviado al “sexto mes…”, como si nos diera con esto una continuidad cronológica entre lo sucedido en la intimidad de la vida de Zacarías e Isabel, y lo que está ocurriendo a muchos kilómetros de distancia en la pequeña población de Nazaret. Este “sexto mes” es también una manera utilizada por el autor sagrado para mostrar la concreción histórica de la acción de Dios en la vida de los seres humanos, es decir que no es mitología ni ficción, es un acontecimiento que sucede en coordenadas humanas específicas.

Este sexto mes es lo que ya tiene de gestación Juan el bautista en el vientre de su madre, y cómo hay una conexión entre los prodigios de Dios en ese hogar y lo que sucederá en este momento en el vientre de la Virgen. Se nos dice con esto que la iniciativa de Dios por rescatar a cada persona y a toda la humanidad en lo que llamamos “Historia de la Salvación” tiene una línea de continuidad entre el último hogar levítico (¿y profético?) del Primer Testamento representado en los parientes de María, y la nueva familia ya conformada entre quienes serán los padres de Jesús.

Digamos hasta aquí, querido amigo que estás viajando conmigo en esta peregrinación bíblica, que las primeras dos ideas que te propongo no dejar pasar de largo son:

1. La cotidianidad es el “lugar” de la revelación de Dios para tu vida. ¿Tú has descubierto en lo que haces cada día, en el estudio o trabajo, en tu casa y en la calle, en la relación con los que te rodean y en tantos lugares donde vives diariamente, que Dios te busca, que Él quiere que lo descubras en medio de tus afanes habituales; o eres de esos católicos de nombre que piensan que el único y predilecto lugar donde Dios te habla es en el templo parroquial o en la comunidad de fe a donde asistes?

2. Te has puesto a pensar que tu vida, tu historia personal (por más dolorosa, difícil, triste o complicada que haya sido), también está dentro de la Historia de Salvación y que si te animas a abrirte a la acción de Dios hoy mismo podrás experimentar el poder del Señor que quiere transformarte, y al hacerlo, también quiere transformar la vida de los que te rodean. Es hora de que valores tu historia, tu pasado, tus luchas, tus dolores, tus triunfos y alegrías, y que veas en todo eso la compañía permanente de Dios y su deseo por hacerte un mejor ser humano.

Sigamos diciendo, en función de la primera parte de este texto que hay una descripción del contexto en donde Dios va a irrumpir con su gracia y salvación. Es en una “ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José… y el nombre de la Virgen era María”. Me parece hermoso que el autor se tome la `molestia´ de hacer esta descripción porque al hacerlo nos ayuda a comprender cómo es que Dios se mueve.

La realidad de María no era ajena para Dios, es decir, Él sabía que la mujer que buscaba para encomendarle el servicio y la responsabilidad de asumir a su Hijo desde las entrañas vivía en una aldea que no aparecía ni en los mapas romanos (Nazaret), y en una provincia (Galilea) que era muy mal vista y de la cual nada bueno podría salir [Cf. Jn 1,46. Mt 4,15].

Además de eso Dios sabía perfectamente que ella estaba “desposada” con José. Es necesario detenerme aquí para explicarte brevemente que esta palabra que utiliza la Escritura busca que entendamos que José y María NO eran “prometidos” o “novios” como lo entendemos hoy en buena parte de nuestras culturas latinoamericanas. NO, Los desposorios eran un acto, si se quiere, jurídico, social y religioso, ya que, después del exilio de Israel, implicaba un documento firmado por parte de las familias que se unirían a través del vínculo de los contrayentes.

María ya estaba casada con José. Ya había una alianza religiosa y legal entre ellos, sólo que hasta después de 12 meses más o menos, en los que cada uno seguía viviendo en su casa paterna, celebrarían propiamente el rito de los “esponsales”, que es la fiesta de la unión matrimonial en la cual la desposada sale de la casa de sus padres hacia la nueva morada de ese naciente hogar y allí festejaban con amigos, vecinos y parientes por la conformación de esa nueva familia con una gran parranda [Cf. Jn 2,1-12].

María ya tenía en ese momento un proyecto de vida. Ya estaba casada con José, esperaba el tiempo para ir a vivir con él y construir un hogar como los de su época; seguramente quería ser una buena esposa, compañera y madre, anhelaba evidenciar su fidelidad a YHWH en medio de su familia y ser testigo de la presencia del Señor en su historia; en medio de esto Dios aparece repentinamente en su vida y le propone un nuevo camino, una novedosa comprensión de ella misma y de todo cuanto la rodea.

Lo dicho en este momento es para que nunca olvides que cuando Dios te busca, lo hace porque te conoce, sabe de tus proyectos y planes y lo que quiere no es destruirlos sino plenificarlos y darle mayor profundidad y realización a lo que tu eres y anhelas.

En el saludo que le hace Dios a través del ángel Gabriel la invita a empezar a vivir la alegría mesiánica tan añorada y esperada por todo el pueblo de Dios desde la antigüedad. Le dice “Alégrate”. La invita a participar en los `tiempos nuevos´, a ser cómplice de la definitiva acción salvífica que emprenderá ahora en la persona de su propio unigénito.

Pareciera que con este saludo y al decirle “El Señor está contigo”, lo que san Lucas nos está contando es que ha llegado la realización definitiva de lo cantado por el profeta Sofonías en 3,14-18:

14¡Lanza gritos de gozo, hija de Sión, lanza clamores, Israel, alégrate y exulta de todo corazón, hija de Jerusalén! 15Ha retirado Yahveh las sentencias contra ti, ha alejado a tu enemigo. ¡Yahveh, Rey de Israel, está en medio de ti, no temerás ya ningún mal! 16Aquel día se dirá a Jerusalén: ¡No tengas miedo, Sión, no desmayen tus manos! 17Yahveh tu Dios está en medio de ti, ¡un poderoso salvador! El exulta de gozo por ti, te renueva por su amor; danza por ti con gritos de júbilo, 18como en los días de fiesta. Yo quitaré de tu lado la desgracia, el oprobio que pesa sobre ti.

A partir de ese momento ya no será “María” sino en adelante será la “LLENA DE GRACIA” que experimentará la inminencia de Dios como nadie nunca antes y nunca después lo va a experimentar. Este cambio de nombre es muy propio en los relatos bíblicos de vocación; la persona que es llamada a una misión especial dentro de la historia de la salvación vive una transformación tan profunda en su vida y en sus planes que ahora se evidencia con un cambio de nombre.

Al escuchar este saludo dice el texto que María se conturbó y se preguntaba qué significaría esa manera de hablarle Dios a ella.

Te invito a que pienses en esa “turbación” (esa palabra tiene como sinónimos `perturbar´, `inquietar´, `conmover´ o `conmocionar´), esa conmoción íntima y profunda que vivió María, y que deberíamos vivir nosotros hoy, tiene que ver con su manera de comprender lo que ella es, su entorno, sus semejantes y al mismo tiempo la forma en que Dios se revelará de ese día en adelante.

El ángel le dice que no tenga miedo, que ella ha hallado gracia delante de Dios, y para acabar de rematar, le dice que va a quedar EMBARAZADA y que a ese niño ella debe darle el nombre de “Dios Salva”. Dimensionemos un poco esta responsabilidad de `poner nombre´ al Hijo de Dios que le está siendo conferida por el ángel.

Para comprender un poco más a fondo lo dicho arriba, te comparto un apartado de un escrito de quien fue el director del Centro Bíblico del CELAM por varios años. Dice así el padre Fidel Oñoro, Cjm:

“María es llamada para una misión (ver 1,31): colocarse completamente al servicio de Jesús dándole existencia humana a partir de su capacidad natural de mujer. Pero la misión no se limita sólo a esto: Dios le pide que le dé un nombre al niño, es decir, que se ocupe de su desarrollo plenamente humano, que lo eduque. Así, el servicio de María implica el don de todo su ser, de todo su tiempo, de su feminidad, de sus intereses, de su proyecto”.

María es una mujer judía que ha sido educada para descubrir a Dios que se le revela en el Templo de Jerusalén cada cierto tiempo en las fiestas a las que suben porque es obligatorio hacerlo; es una persona que intenta descubrir a YHWH en el atrio de las mujeres cuando va a la sinagoga los sábados; seguramente ella, como sus coterráneas trata de percibir la voz de Dios cuando en privado, en su casa, su padre o los varones del hogar le explican la ley y ella la cumple a cabalidad y nada más.

Es esa misma mujer la que ahora tiene que cambiarse el chip y empezar a relacionarse con un Dios que quiere revelársele no sólo en la cotidianidad, sino que fundamentalmente, la quiere transformar desde adentro, desde sus entrañas, que quiere habitarla, así como habitaba plenamente en el Sancta Santorum en Jerusalén, que quiere dejar de ser para ella algo externo y ocasional y ahora quiere convertirse en lo más íntimo y profundo de su realidad humana.

Al respecto de esta “turbación” escribe uno de los más importantes biblistas de este tiempo y que es uno de mis autores favoritos de teología pastoral:

“¨…María se turbó¨. Es el primer impacto de María con el nuevo mundo de Dios: La palabra griega dietaráchthe –se turbóes una palabra muy fuerte y nos maravilla que Lucas la haya utilizado en esta ocasión… Hubo, pues, también para María esta turbación inicial: ¿a dónde me quiere llevar Dios, qué sucederá? María ciertamente se había acostumbrado a un cierto tipo de vida de oración, de piedad, de compromiso, de escucha de la Biblia, pero ahora siente que Dios la transporta a otro plano y que tiene que dejar –como le sucedió a Abrahamlas seguridades precedentes, y abandonarse a una acción diversa de Dios”.

Dime si no es, lo dicho arriba, suficiente razón para tener una conmoción tremenda en toda la existencia. Pues eso mismo es lo que yo le pido a Dios que haga en ti que estás leyendo estas líneas. Que pases de una relación superficial, ritualista y ocasional con El, y que descubras que el Amado no quiere que te quedes solamente con lo que vives en la parroquia o en el grupo, ni en el cumplimiento de reglas y leyes, sino que, de manera especial lo descubras habitando en ti, moviéndose en tu historia, transformándote desde adentro.

Le pido a Dios en este momento que te de el regalo de descubrirte como Santuario de su Espíritu (Cf. 1Co 3,16), que no seas como esos católicos sensacionalistas que buscan SENTIR emociones transitorias en retiros, congresos, seminarios, asambleas, etc., para creer que de verdad Dios está con ellos, sino que hoy tu tengas la CONVICCIÓN de saber que ÉL está contigo, que no tienes razones para tener miedo, sino que tu vida ha sido escogida de un modo parecido a la de María, para que la presencia salvadora del Señor encuentre morada en ti de una vez y para el resto de tus días.

Lo que viene a continuación es la réplica de María diciendo que le expliquen cómo va a suceder eso del embarazo que el ángel le está diciendo ya que ella, si bien está casada con José (desposada), aun no se ha llegado el tiempo de los esponsales y por ende ella no ha tenido contacto genital con él.

Es hermoso este diálogo porque nos presenta a una María muy inteligente, consciente de su realidad y de sus propias limitaciones. Ella no es una muchachita ingenua ni mucho menos espiritualista o fanática que no cuestiona la manera del acontecer humano de Dios, sino que por el contrario interpela a Dios a través del ángel haciéndole saber que ella tiene claro que si llegara a quedar embarazada en ese momento su vida corre peligro porque sería vista como una mujer adúltera y lo que le espera, según la ley y las costumbres de la época, es la muerte por lapidación.

María está poniendo en juego su libertad, su buen nombre delante de su familia y sus vecinos, está arriesgando todo lo que tiene y todo lo que es. Por esto es comprensible y es natural que ella pregunte “Cómo será esto, puesto que no conozco varón”. Estoy plenamente seguro de que ella no está desconfiando, sino que está tratando de inteligir, de discernir, de analizar la llamada de Dios para poder comprenderla y ahí involucrarse definitivamente en los planes de YHWH con todo su ser.

Al respecto dice el cardenal Martini lo siguiente:

“Esa libertad que se pone en juego en las relaciones está fundamentada en una equilibrada conciencia de sí, como ya hemos comprobado anteriormente: es una libertad indagadora (¿qué saludo era aquél?… ¿cómo sucederá?), que no se deja arrastrar por un torrente caudaloso ni se deja implicar de cualquier modo, precisamente porque discierne y pregunta”.

María puede ser condenada a la pena de muerte al quedar embarazada en el lapso que transcurre entre los desposorios y los esponsales y tener esto claro nos amplia el horizonte en lo relacionado con las implicaciones que le esperaban a la Virgen si ella llegaba a decirle que sí a Dios. Uno de los autores clásicos de estudios de la cultura de Israel escribe:

“Se castiga severamente el adulterio de un hombre con una mujer casada: los dos cómplices son condenados a muerte, Lev 20,10; Dt 22,22; en este caso la `prometida´ es equiparada a la esposa, Dt 22,23s: en efecto, la prometida pertenece a su prometido como la mujer a su marido. La pena se ejecuta mediante lapidación, según Dt 22,23s; Ez 16,40; cf. Jn 8,5; sin embargo, es posible que antiguamente se aplicase la pena del fuego: Judá condenó a su nuera Tamar a ser quemada viva, Gen 38,24”.

Es aquí donde aparece la primera gran crisis en la vida de María. Ella ha sido invitada por Dios para que le abra todo su ser a la acción salvadora que ella y la humanidad entera ansían y esperan. Pero ella tiene limitaciones, tiene historia, tiene proyecto de vida, tiene miedo -de no ser así, no le habría dicho el ángel que no lo tuviera-, tiene impedimentos físicos, sociales, familiares y religiosos que la imposibilitan para acceder tranquilamente al llamado que se le está haciendo. No es una pequeña circunstancia, es una tremenda crisis, es tener que estar dispuesta, literalmente, a jugarse la vida en esta aventura que Dios le está proponiendo.

A renglón seguido lo que viene es la respuesta de Dios a través del ángel que la conforta y le da las seguridades que necesita para poder optar por disponerse plenamente a la acción embarazadora del Cielo. El enviado le dice que lo que ella necesita es que el Espíritu Santo venga sobre su ser y que la cubra con su sombra, que su anciana parienta está embarazada como muestra de la bondad del Todopoderoso, y que tiene que aprender a vivir una gran verdad de fe que seguramente hasta ese momento no había vivido: “Ninguna cosa es imposible para Dios”.

Querido amigo que estás leyendo esto, quiero que sepas que aquí están las maneras en que Dios le enseña a María cómo se enfrentan y se vencen las crisis.

La primera clave es permitir que el Espíritu Santo venga SOBRE LA VIDA. Claramente lo que hay detrás de esta declaración que el ángel le hace a María es una hermosa alusión a lo que vivió el pueblo de Israel cuando la “Shekináh” (la Gloria de Dios), se posa sobre la tienda del encuentro. Así dice la Escritura en Ex 40,34-35:

34La Nube cubrió entonces la Tienda del Encuentro y la gloria de Yahveh llenó la Morada. 35Moisés no podía entrar en la Tienda del Encuentro, pues la Nube moraba sobre ella y la gloria de Yahveh llenaba la Morada.

La primera clave para vencer las crisis que vivimos es suplicar que la Gloria de Dios more SOBRE TODA TU VIDA. Que su presencia poderosa, llena de misterio amoroso, y por sobre todo de abundancia salvífica, llene cada área de la existencia, lo inunde todo y no quede ni un solo resquicio de la vida por fuera del ámbito de transformación de Dios.

Quiero ser muy claro en esto: La nube se posa sobre TODA la tienda, no es sobre una parte de ella, ni sobre un pedacito de ese lugar.

Te confieso que esto me hace pensar en algo que dese hace mucho tiempo me tiene bastante preocupado, porque en mi ministerio como predicador y formador dedicado a tiempo completo a la evangelización y la oración por la gente, me encuentro con líderes, servidores, cantantes, predicadores, catequistas, agentes de pastoral, miembros de grupos y comunidades de fe que han dedicado muchos de sus esfuerzos a `ser mejores cristianos´, pero han entendido por ser `mejor cristiano´, dedicarse a pasar la casi totalidad de su tiempo metidos en la parroquia, en la casa de oración, en el centro carismático o en reuniones y actividades de tipo pastoral, sin darse cuenta que son laicos y a su vez son seres humanos multidimensionales, es decir, que tienen familia, hogar, estudio o trabajo, que tienen que atender sus aspectos financieros, lúdicos, sociales, que deben velar por su salud y que deben hacerlo de manera INTEGRAL.

Respecto a esto que te estoy diciendo nuestros obispos del continente nos animan en el documento de Aparecida de la siguiente manera:

“Es necesario formar a los discípulos en una espiritualidad de la acción misionera, que se basa en la docilidad al impulso del Espíritu, a su potencia de vida que moviliza y transfigura todas las dimensiones de la existencia. No es una experiencia que se limita a los espacios privados de la devoción, sino que busca penetrarlo todo con su fuego y su vida. El discípulo y misionero, movido por el impulso y el ardor que proviene del Espíritu, aprende a expresarlo en el trabajo, en el diálogo, en el servicio, en la misión cotidiana.

Cuando el impulso del Espíritu impregna y motiva todas las áreas de la existencia, entonces también penetra y configura la vocación específica de cada uno. Así, se forma y desarrolla la espiritualidad propia de presbíteros, de religiosos y religiosas, de padres de familia, de empresarios, de catequistas, etc. Cada una de las vocaciones tiene un modo concreto y distintivo de vivir la espiritualidad, que da profundidad y entusiasmo al ejercicio concreto de sus tareas. Así, la vida en el Espíritu no nos cierra en una intimidad cómoda, sino que nos convierte en personas generosas y creativas, felices en el anuncio y el servicio misionero. Nos vuelve comprometidos con los reclamos de la realidad y capaces de encontrarle un profundo significado a todo lo que nos toca hacer por la Iglesia y por el mundo”.

Me parece que en algunos lugares estamos viviendo unas experiencias espirituales (¿espiritualistas?) llenas de desequilibrio y que en nada hablan de un serio encuentro con Dios, ya que veo cómo esposas dejan a sus maridos en casa largas horas todos los días, o casi todos los días, y se van a reuniones pastorales o compromisos parroquiales y el pobre tipo se queda como si fuera un viudo que tiene que vivir prácticamente solo su día a día. También me encuentro con jóvenes que movidos por el ímpetu y el gran deseo de vivir una fuerte relación con Dios pierden de vista que los primeros lugares de salvación para ellos son su casa, estudio, trabajo, noviazgo, amigos, etc., y, claro, también la parroquia.

Pareciera que estuviéramos en una Iglesia que se ha convertido en una “burbuja” a la cual se recurre para huir de las tensiones y conflictos personales y/o familiares, que se ha ido llenando de hombres y mujeres que tienen su propia vida cotidiana pero que prefieren no enfrentarla ni transformarla en nombre de Dios, sino de la cual insisten en escapar para llenarse de emociones que desaparecen en unas cuantas horas, pensando que Dios y su actuar es eso… sentir, llorar, caerse, abrazarse, gritar, saltar, aplaudir y nada más.

Te comparto, una vez más, algo de lo que dicen nuestros obispos en el documento de Aparecida acerca del tema de una experiencia de Dios que sea INTEGRAL:

“Misión principal de la formación es ayudar a los miembros de la Iglesia a encontrarse siempre con Cristo, y, así reconocer, acoger, interiorizar y desarrollar la experiencia y los valores que constituyen la propia identidad y misión cristiana en el mundo. Por eso, la formación obedece a un proceso integral, es decir, que comprende variadas dimensiones, todas armonizadas entre sí en unidad vital. En la base de estas dimensiones, está la fuerza del anuncio kerygmático”.

Estoy convencido de que lo que no es integral, signo de armonía vital y equilibrio, termina convirtiéndose en fanatismo desencarnado que lleva al ser humano a fracasar en su intento de ser imagen y semejanza de Dios, ya que, ciertamente nuestro Dios es ordenado, inteligente, procesual, pedagogo, sencillo, entre otros atributos que nosotros deberíamos asumir como norte existencial.

Quiero compartirte algo que para mi fue súper esclarecedor a este respecto. En septiembre de 2009 estuve en Roma recibiendo el diplomado en formación bíblica para líderes de la R.C.C. que dicta el Consejo Mundial de nuestra corriente y movimiento (CHARIS). Parte de la formación complementaria de este curso consistía en tener encuentros con personalidades importantes de algunos dicasterios vaticanos; es así como un día tuvimos una audiencia con el señor obispo encargado de la oficina del Consejo Pontificio para los Laicos. El director general de ese dicasterio era el Cardenal Rylko, pero quien nos atendió fue Monseñor Joseph Clemens, que era como el encargado de la operación cotidiana de dicha oficina.

Después de exponernos todo lo que esa oficina hace y cómo a ella reportan las distintas experiencias laicales de nuestra Iglesia en todo el mundo, abrió un diálogo y nos dijo que si teníamos alguna pregunta, a lo cual yo levanté la mano y le formulé mi inquietud. Le dije que aprovechando su gran experiencia y conocimiento respecto al tema laical por favor nos dijera cuál era su definición de la Espiritualidad del Laico. Recuerdo que él lo pensó como unos 5 segundos y dijo lo que ahora te quiero dar como regalo para ti, que, siendo laico, necesitas tener cada vez más claro. Dijo así: “La espiritualidad del laico es la coherencia que lleva a la santidad en la vida diaria, haciendo que cada uno descubra sus lugares cotidianos como sus propios espacios de misión”.

Yo me quedé estupefacto y muy feliz al escuchar que esta autorizada voz de la Iglesia nos estuviera diciendo que nosotros, por más líderes o responsables de grupos y comunidades que seamos, tenemos que poner en primer lugar de nuestra escala de prioridades integrales lo que desde hace mucho tiempo en la Iglesia se nos ha definido como el `orden temporal´. Te animo vivamente a que redescubras tu casa (con todo y sus líos), tu estudio o trabajo, tus amigos, tus espacios de recreación y esparcimiento, y, en general, todo lo propio de tu cotidianidad, como los más bellos lugares de misión.

Sigamos con nuestra lectura del texto santo. El ángel le dice a María que el Espíritu vendrá sobre ella y que el poder del Altísimo la cubrirá con su sombra.

La segunda clave que Dios le da para enfrentar y vencer su crisis es dejarse saturar de la presencia del Espíritu Santo. ¡Atención querido amigo que me estás leyendo! Estamos ante el primer acontecimiento de Pentecostés narrado en el Segundo Testamento –según san Lucas-, y es Dios mismo diciéndole a la persona que ha escogido para la más alta misión encomendada a ser humano alguno, que lo que necesita para llevar a cabo esta responsabilidad definitiva para ella y para el mundo entero, es dejarse repletar, sumergir, saturar, llenar por la presencia del Divino Paráclito.

El ángel le está diciendo a esta muchacha que lo que ella necesita es que se deje penetrar por el Poder del Cielo y que ese Poder será quien la fecunde y le muestre desde sus entrañas cómo es que Dios quiere, en adelante, transformar a todo ser humano. Le dice que ella llevará la santidad personificada en su seno, que será portadora de la plenitud de la presencia del Omnipotente y que a partir de ese día ella será la NUEVA ARCA DE LA ALIANZA en donde por los siguientes nueve meses –y para siempre-, ella mostrará al mundo lo que es vivir la conducción existencial de Dios que hace nuevo todo en aquel que se abre decididamente a su poder y amor.

Nosotros, los que pertenecemos a la Renovación Católica Carismática identificamos esta experiencia de ser saturados del Espíritu de Dios y de ser conducidos por él en nuestra cotidianidad como el sello distintivo de nuestra identidad espiritual y nos lo apropiamos con el nombre de “Bautismo en el Espíritu”.

El padre Salvador Carillo Alday, que es uno de los pioneros de la R.C.C. en el mundo de habla hispana describe así esta experiencia fundante dentro de nuestra corriente de gracia y movimiento:

“Es pedir al Padre por Jesús una nueva efusión del Espíritu Santo que pone en actividad el rico potencial de Gracia que Dios ha dado a cada uno (en el Bautismo Sacramental) según la propia vocación y según el carisma personal del estado propio de vida en orden a obtener una completa renovación de toda la vida cristiana a nivel personal y comunitario, ser testigos eficaces del Señor y servir al mundo dentro de la Iglesia de Cristo”.

Si quieres enfrentar y VENCER tus crisis tienes que hacerle caso a lo que Dios le dijo a María: Déjate embarazar por el poder de lo alto. No creo que haya una manera más hermosa y reveladora de describir lo que Dios quiere hacer en ti de hoy en adelante: ¡Embarazarte! Dicen las mujeres que he consultado sobre este tema: mi abuela, mi mamá, mis primas, mi esposa y amigas, que el hecho que les cambió la vida para siempre fue el de darse cuenta de que estaban embarazadas por primera vez.

La vida nunca volvió a ser igual, fisiológicamente no volvieron a ser las mismas nunca, los senos crecieron, las caderas se ensancharon, las horas de sueño se redujeron, los instintos se agudizaron, la felicidad se hizo compañera de camino, los cuidados se exacerbaron; durante el tiempo de gestación ya no volvieron a comer las mismas comidas, ni a andar al mismo ritmo, etc.

¡Qué maravilla lo que es y produce un embarazo! Lo mejor de esto es que eso es lo que Dios quiere para ti y para mí. Si tú me preguntaras ahora mismo cuál creo que es el proyecto de Dios para tu vida, cuál es su voluntad, yo te respondería sin lugar a dudas que ÉL quiere embarazarte, él quiere que quedes encinta de su amor y de su poder. Dios desea que tu vida, como la de una mujer embarazada, sea transformada desde las realidades más íntimas y profundas, que toda tu manera de pensar, de sentir y de actuar sea de hoy en adelante plenificada por el Espíritu Santo. (Cf. Ro 12,1-2).

Tener esta comprensión es entender existencialmente y no como una linda idea espiritual y nada más, aquello que el ángel le ha dicho a María: “Ninguna cosa es imposible para Dios”. Que una anciana estéril quede embarazada de su marido cuando habían perdido toda esperanza de ver en ellos el milagro de trascender dando vida, o embarazar sin mediación humana a una muchacha para que en ella se geste el Hijo de Dios, es constatar que el lugar de los milagros del Cielo son las realidades conflictivas y adversas propias de la tierra, en seres humanos concretos y situados en circunstancias particulares. Hoy puedes decirle a Dios que te embarace y te fecunde cambiando tu historia en medio de la adversidad o de la crisis que estás viviendo, y con seguridad Dios lo hará para mostrarte su amor y poder, y a través tuyo para todos aquellos que te rodean.

Esta hermosa escena de la anunciación termina con la respuesta de María en donde ella le dice al ángel “he aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Lucas emplea aquí la palabra doulē, que es el correspondiente femenino de doulos que significa `esclavo´ y con esto pareciera que lo que el autor sagrado nos quiere presentar es cómo María va a ser identificada con Ana, la mamá de Samuel. (Cf. 1S 1,11). Creo firmemente que al utilizar esta expresión está diciendo que su vida entera está, de ahora en adelante a la plena disposición del Señor de su existencia, a partir de ese momento y hasta el final ella será colaboradora del plan salvador de Dios como una fiel esclava colaboraría con lo que su amo disponga.

Para terminar nuestro sencillo análisis de este texto digamos que la expresión de María al decir que se haga en ella según la palabra del Gabriel y que se ha traducido al latín como el FIAT de la Virgen no es tan significativa como lo es en el texto griego ya que la expresión latina hace referencia a una aceptación más cerebral y fría, mientras que en el idioma en el que fue escrito originalmente el Segundo Testamento, la palabra usada “rēma”, está planteada como un OPTATIVO, es decir, que hace de su SI una decisión llena de claridad, gozo, emoción y convicción. ¿No te parece hermoso descubrir que lo que dijo la Virgen a Dios a través del ángel es una alegre respuesta a la iniciativa de amor salvífico de Dios? Ojalá pudiéramos hoy darle esta misma respuesta a la Santa Trinidad. ¿Sabes qué significa esta respuesta de María? Que Jesús no vale la pena… Así como lo lees. Jesús no vale la pena… ¡VALE LA VIDA! A ella la iban a matar por acceder a esta propuesta de Dios y ella libremente, conociendo las consecuencias que le esperaban, dijo “Hágase en mí”.

En Conclusión:

Para enfrentar las vicisitudes que estás viviendo es menester que valores tu historia personal con todo y sus dolores y aciertos, ya que es en ella, en medio de tu cotidianidad habitual, en donde Dios quiere revelarte su amor, su poder y su salvación. No huyas más de tu pasado, de tus recuerdos, de esas circunstancias a las que le has “echado tierra”, por el contrario, es tiempo de reconciliarte con esas situaciones y de que desde la experiencia de Dios las resignifiques y las valores como “lugares” privilegiados de la acción salvífica de Dios para tu vida.

Si tu estás en medio de una crisis en este momento, debes tener en cuenta que la manera en que Dios quiere ayudarte a salir de ella es llenándote de su presencia en todas las áreas de tu vida, y no sólo en tu dimensión espiritual.

Para poder vencer en medio de tu adversidad es urgente que seas lleno, bautizado, en el Poder de lo Alto que quiere plenificarte y conducirte.

Es urgente que te dejes EMBARAZAR por Dios, es decir que le permitas a El saturarte desde las entrañas y que descubras que esa es su manera especial de revelación, no desde afuera (emocionalista) hacia dentro, sino desde la intimidad hacia el cambio de mentalidad, actitudes y comportamientos.

Te corresponde ofrecerte a Dios como un esclavo disponible para la obra de salvación que el Señor quiere operar en ti y por medio tuyo para otros.

Necesitas hacer una opción definitiva por Dios como tu único sustento existencial, tu única oportunidad para encontrarle sentido a toda tu vida (pasado y presente), y desde eso vivir con gozo esa experiencia a la cual te invita el Amado, de ser una persona que viva la Alegría de los tiempos mesiánicos que ya quieren encontrar en ti, su nueva María donde gestarse.

Autor

  • Pacho Bermeo

    Predicador itinerante desde 1991 y ha anunciado el Evangelio en más de 25 países de América, Europa y el Oriente Próximo. Estudió filosofía y teología, y se formó en pastoral bíblica con el CELAM. Hoy es Coordinador General de las Escuelas de formación para predicadores y músicos del CELAM y secretario de su Comité de Ecumenismo. Es autor de varios libros sobre el servicio, la sanación y la vida en el Espíritu. Vive en Cajicá con Paulina, su esposa, e Isabella, su hija.